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A pocos días de elegir a la nueva persona que represente este país ante el mundo, hemos visto una de las peores campañas políticas en los últimos años. Entre las cosas que usualmente uno ve y escucha en medio de la guerra campal entre los candidatos, este año me llamó la atención un anuncio. El menos malo. Así se hace llamar uno de los candidatos.
Muchos presidentes son ladrones, mujeriegos, asesinos, injuriadores, vende patrias, etc. Decir el menos malo sería como el equivalente a pensar que este candidato es el que menos hace las cosas anteriores, pero las sigue haciendo. Es decir, la campaña le dice a los votantes: vote por el que menos daño le hace a la gente y al país. Como que si eso fuera un aliciente.
¡¿Así o más descarado?! El mundo en el que vivimos en la actualidad se hunde cada vez más en su propia definición de lo que está bien o mal. Que los políticos hablen de esta manera se ha vuelto algo de lo cotidiano. Ni mencionar lo que sucede a nuestro alrededor: hijos que asesinan a sus padres, matrimonios fuera de su diseño original, tasas de divorcios impresionantes, profesores y estudiantes muertos por sus mismos compañeros adolescentes, etc. La lista puede ser interminable. Conforme el ser humano siga definiendo lo que está bien para si mismo entonces seguirá en decadencia — y parece ser esa la tendencia para el futuro.
Quizá vos y yo podamos cambiar nuestra realidad. La palabra de Dios — que está fuera de onda para muchos — es una guía de lo que debería de ser bueno o malo para nuestras vidas. Apartarse de ella es ser necio y majadero. Sabemos que Dios siempre va a querer lo mejor para nosotros. Te invito a tener en la Biblia un manual de vida, un cursor de tus trazos, una brújula en tu mar, un timón en tu carro, una manivela en tu bicicleta. Lee la Biblia. No importa si no lo has hecho durante los últimos 78 años. Empezá hoy. Un texto. Una historia, un libro, una carta. No te va a quitar un pedazo de piel. Puede agregarte mucho para tu bienestar diario. Que podas decir como un escritor: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” Salmos 119:105.
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